Milei cumplirá en diciembre su primer año de mandato, muy a pesar de los iniciales vaticinios de un pronto colapso de su gestión, debido a la brutalidad de sus medidas económicas de “ajuste y regresiva reestructuración”, junto a su escasa representación parlamentaria. Sin embargo, Milei se mantiene en el poder con suficiente consenso, pese al índice de pobreza del 55%, en donde 7 de cada 10 jóvenes vive bajo la línea de la pobreza, con un poder adquisitivo de los salarios y haberes jubilatorios que se derrumban día a día. Ello solo es posible gracias a la complicidad de poderes ejecutivos provinciales y la connivencia de mayorías parlamentarias facilitadas por la oposición cómplice y una justicia funcional a los intereses del capital y la ultraderecha en el gobierno.
El gobierno de Milei festeja este ajuste “histórico”, (el mayor de la historia, sostiene), que le permitió lograr el déficit fiscal cero, base para la estabilización de la economía, o de los negocios del poder económico, para la baja de la inflación, con recesión, desempleo y caída del consumo popular, tanto como la contención de la cotización del dólar y el sustento del festival financiero de estos días, ayudado por la regularización de más de 22.500 millones de dólares de un blanqueo que favorece a grandes evasores.
¿Cómo llegamos a esta situación?
Las respuestas pueden ser diversas, pero inicialmente destacamos que Milei concentra el apoyo de diferentes capas sociales que fueron expulsadas, marginadas, durante los 40 años de políticas bajo “gobiernos constitucionales”, que profundizaron la precarización del trabajo, la sub y la desocupación, junto a la pérdida de derechos sociales, sindicales, individuales y colectivos, inaugurados por la dictadura genocida. Fueron políticas que contaron con la complicidad de la institucionalidad burguesa y las burocracias partidarias, sindicales, culturales, periodísticas e intelectuales que asistieron pasivas a una pérdida continua e irreparable de derechos.
Estos retrocesos históricos tienen responsabilidades también en proyectos con consenso social amplio que remiten al sistema capitalista como la única posibilidad para el desarrollo en nuestro tiempo. Es una concepción que imagina una lógica humanizada del orden capitalista, ajeno a la dinámica propia por la búsqueda de la mayor ganancia para el inversor. Por eso, en estos años, aun con gobiernos críticos al “neoliberalismo”, se ejercieron políticas que afirmaron el modelo de producción asentado en la extracción de bienes comunes, con principal destino en la exportación dominada por corporaciones transnacionales asociadas a grandes capitales locales.
Desde la CPI destacamos el tema porque esas propuestas obstaculizaron la generación de un consenso para otro modelo de producción y consumo asentado en satisfacer las necesidades populares. Es una crítica que hacemos para contribuir a gestar una mayoría política que dispute el poder, a contramano de otras prácticas discursivas que alienta el sectarismo político, con una visión que se manifiesta como “estratégica”, pero alejada de la disputa en la coyuntura de los amplios consensos sociales. Lo que se requiere son propuestas mediadoras para unir la diversidad combativa del movimiento obrero y popular, con capacidad de construir “alternativa política de poder popular”.
Para desalojar al bloque en el poder en la coyuntura, liderado hoy por Milei y asociados, hace falta una nueva mayoría, que contrarreste el retroceso histórico del movimiento popular que se manifiesta con la elección y gobierno de Milei. Un gobierno que legitima el “orden capitalista” y estigmatiza la “justicia social”, por lo que desde la CPI sostenemos la necesidad de promover renovadas estrategias y prácticas políticas, que reviertan estas debilidades y permitan resistir esta brutal ofensiva capitalista. Las luchas de las/os jubiladas/os, de las/os universitarias/os, de las/os trabajadoras/es de la salud, la educación, estatales, los movimientos sociales, territoriales, entre otras/os han expresado una reivindicación de la memoria histórica, el sostén de una conciencia de lucha, de resistencia, a pesar del asedio mediático y la represión policial.
Aun así, la riqueza de estas luchas no logró catalizar en una “Alternativa Política” con capacidad de instalar un consenso sustentado en los intereses de las/os trabajadoras/es y del conjunto del pueblo. El “Fuera Milei”, va sumando adhesiones en los diversos conflictos, como parte de una política que debe construir una respuesta colectiva, democrática, de masas, que junto a la unidad de los que luchan se proponga ir más allá de una opción de gobierno del capitalismo. El “Fuera Milei” da pie, ya no solo a una cuestión del momento, simplemente coyuntural. Esto no alcanza, como no alcanzó con el “mal menor” para enfrentar a la derecha.
Milei expresa una ofensiva cruel e inhumana, como estrategia mundial del capitalismo contra los pueblos, siendo “la solución final” de la burguesía contra las/os trabajadoras/es. Por lo tanto, la resistencia deberá adoptar todas las acciones necesarias para impedir esta política de exterminio de los derechos a la humanidad. Desde la CPI sustentamos el “Fuera Milei”, y rechazamos toda opción que intente dar nueva gobernabilidad a la lógica del capital. La CPI impulsa la construcción de una “unidad frentista”, que contenga todas las experiencias de la lucha política antiimperialista y anticapitalista, combativa y contra el patriarcalismo y toda forma de discriminación y racismo; que ponga el acento en el programa común que nos una, y que en el debate de las diferencias sintetice el proyecto popular de emancipación social.
Dado en la República Argentina, 12 de noviembre de 2024
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