Construir fuerza política alternativa ante la segunda oleada.

 

Construir fuerza política alternativa ante la segunda oleada.

 

En estos días, nuestro país y la mayoría de las regiones del mundo padecen la segunda ola de la pandemia, que aumenta exponencialmente el número de infectados y la cantidad de muertos.

 Se intenta licuar las causas que llevaron a tal situación dejando veladas las causas sistémicas del desastre humanitario. Esta catástrofe fue construida por décadas, donde el afán por maximizar ganancias dinamitó la naturaleza, el hábitat, al tiempo que profundizó la explotación del trabajo de los pueblos.

Sabemos que en el capitalismo las crisis son recurrentes y funcionales a las reconversiones necesarias que garanticen su reproducción. Pero en el presente se interpela el «sentido» de la vida misma, la centralidad de la existencia humana o la contingencia de la misma: priorizar la salud o las ganancias, contraponiendo el cuidado de la salud y la defensa del trabajo, negando que la primera medida para defender los puestos de trabajo es cuidar la vida de las/os trabajadoras/es.

El carácter depredador del capitalismo no es novedoso, ya que su historia expresa el sacrificio de millones de seres humanos con guerras locales y globales, hambrunas masivas y explotación de la fuerza de trabajo. Ahora, en la Argentina, el aumento de contagios, la escasez de vacunas, producto de la especulación económica de los laboratorios, junto al aumento de la inflación, especialmente de los alimentos, castiga a los sectores populares. Al mismo tiempo, resalta la realidad del aumento de las ganancias de las empresas que dominan el capitalismo local y definen el modelo productivo, las agroexportadoras, las megamineras, la industria dependiente, los bancos y especuladores.

Esta es la contradicción básica de nuestro tiempo, lo que se está jugando con la pandemia: ¿Quién paga el ajuste? ¿Quién se apodera del excedente, de la riqueza?

Alrededor de esta puja por la distribución de la riqueza y el ingreso se mueve el escenario político nacional y los principales actores de la acumulación política en la disputa por el gobierno del capitalismo local son las coaliciones del Frente por el Cambio y el Frente de Todos.

Los primeros privilegian la libertad de mercado, desdeñando el derecho a la salud, sustentan un programa reaccionario con una democracia electiva para reproducir la lógica individualista y por las ganancias. Los segundos, desde el gobierno, sin atacar las cuestiones de fondo, el capitalismo, intentan contener el colapso sanitario. En ese sentido destinan recursos públicos, insuficientes como el IFE o la ATP, al mismo tiempo que comprometen los recursos del Estado en negociaciones y pagos con acreedores, especialmente el FMI, con recursos que debería volcar a la emergencia sanitaria.

El resultado es el aumento de la pobreza, el desempleo, la baja del poder adquisitivo de los ingresos populares. Los pobres no son una categoría histórica, son trabajadoras/es precarizadas/os, desempleadas/os expulsadas/os de la producción, como consecuencia de la ofensiva capitalista sobre los derechos de los trabajadores. La desigualdad no se debe a cuestiones de meritocracia personal, es producto de la desigual distribución del ingreso y de la riqueza.

Una sociedad empobrecida, fragmentada, sin un proyecto político social superador es el resultado de políticas diseñadas desde la lógica del capital. Este es el punto de partida para habilitar un debate superador que  resignifique el sentido de la vida. La única forma de lograr una distribución más justa del ingreso y la riqueza es la generación de fuentes de trabajo con salarios y jubilaciones que hagan a una vida integra, lo que demanda una sustancial modificación de las relaciones sociales de producción.

Por eso se debe confrontar con el poder del capital, con reformas profundas que apunten a desarmar el modelo productivo y de desarrollo actual, suspendiendo los pagos de la deuda y afectando los escasos recursos para una transición económica y política que parta del intento por resolver otro orden económico y social bajo la lógica de la des-mercantilización y la satisfacción de las necesidades populares.

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